Con el advenimiento del siglo XXI es innegable que nos encontramos en la sociedad de la información y el conocimiento. La información ha sido siempre la fuerza motriz del progreso desde que el hombre, hace unos cinco mil años, unió la escritura, palabra e imagen, permitiendo así divulgar y conservarlos más valiosos conocimientos de las ciencias, cultura y las artes.
Inventos como la imprenta con caracteres móviles de Gutenberg, en el siglo XV, el teléfono, la radio, la televisión, el proceso electrónico de datos, en los siglos XIX y XX, revolucionaron y aceleraron el intercambio de información. Todos estos medios no se excluyen sino que se complementan y potencian.
La sorprendente velocidad en que evolucionan las tecnologías de la información y la comunicación están produciendo un cambio político y social de tal envergadura que ya se habla de la presencia de la tercera revolución industrial. Asistimos al nacimiento de la sociedad de la información y el conocimiento sin límites ni fronteras. El hombre ha vencido así las barreras del tiempo y la distancia.
Una primera aproximación del camino hacia la sociedad de la información global nos remite a un mundo más competitivo y abierto. La visión de esta realidad se expresa ya con la integración de grandes bloques económicos y tratados de libre comercio, en la circulación masiva de información por satélites y las pistas informáticas de Internet, la aparición del tele-trabajo, las tele-conferencias, el tele-comercio, las autopistas de información y de datos, los servicios de telemática, las redes de asistencia sanitaria. La formación vía Web en universidades virtuales, las redes de universidades y centros de investigación y la enseñanza no presencial, entre algunas aplicaciones.
En la perspectiva de este cambio social sin precedentes, los centros de enseñanza en general y las universidades en particular, como fuentes de sabiduría y conocimiento, no pueden ser ajenas, sino protagonistas de esta trascendental revolución cultural y tecnológica. Quienes tenemos la firme convicción del rol de vanguardia que compete a las universidades no podemos sino tomar conciencia de esta nueva realidad y asumir, con una clara visión de futuro, el reto que representa impulsar estos cambios y lograr que nuestros centros de enseñanza en el Perú no se queden a la zaga porque corremos el riesgo de perder el carro de la historia.
Asumiendo este reto, tenemos ya un largo camino recorrido y una experiencia excepcional en la formación de nuevas generaciones de jóvenes emprendedores actualizados en el conocimiento de las modernas tecnologías de la información y la comunicación. Así nació el Grupo IDAT y esta es la misma proyección de la UTP , que precisamente surgió para acortar la brecha tecnológica con los países más avanzados.
En este mismo propósito se enmarca la renovación del diseño de la pagina Web del Grupo IDAT y la UTP , donde usted querido lector, encontrará como en una aula abierta, la información, el conocimiento y nuestros esfuerzos expresados en las actividades docentes y académicas. Pero, por sobre todo, encontrarán también nuestra firme voluntad y nuestro compromiso de poner la universidad en sus manos y a su servicio. Porque sabemos que es nuestra misión y nuestra filosofía de vida en un país que requiere de todos nosotros para ser grande .Y esto sólo lo lograremos por la vía del conocimiento y la calidad educativa. |